viernes 21 de noviembre de 2008

Kathy

Comenzó a correr en un estancado final, vagando en su propia casa, musitando operas completas en el perderse de su mente y regresar al mundo para dolor de cabeza e ideas cercenadas con hilos invisibles, muebles inmóviles y paradojas sin contradicción en los brazos de un amigo a tientas en manos de la oscuridad y la dulzura amarga de la soledad acompañada y la dichosamente triste confusión...

lunes 17 de noviembre de 2008

sueño I

El sol escondiéndose y pintura negra sobre una pared la oscuridad era total frío insostenible frío y oscuridad eran uno no había casi nada en el cielo unas estrellas tenues la luna que se escondía tras unas profundas y negras nubes marchitas la sensación era vacío se impregnaba por todos lados la luz parecía escaparse a un solo punto que recaía en una vieja puerta blanca en el extremo sur de la calle no había ruido no se oían grillos ni viento ni el mismo silencio parecía existir en esa casi ausencia grité y el sonido quedo atrapado entre mis dientes pegado a mis oídos como un murmullo acuoso grite nuevamente todo fue ruido que salían de todo inhalé muy profundo intentando calmar el dolor de mis oídos el suelo se quebró luces blancas comenzaron a envolver todo de refulgente blanco era todo lo que se podía ver mis ojos se quemaron no los podía abrir truenos y un cascabel llenaron el aire dispersando frío correr de agua y el sentir de la luz blanca en la piel el corazón me golpeo el pecho gritos parecieron salir de él caí de rodillas y puse mis manos en el suelo gatee a tientas buscando el sonido del cascabel desapareció estaba de espaldas con los ojos abiertos el oscuro cielo ante mis ojos no tenía el cuerpo en ninguna parte me levanté de un salto la luz estaba a dos pasos de mí di el primero y pareció estar a 5 metros di otro estuvo a 10 me di vuelta la luz comenzó a caer sobre mí ojos nariz y boca comenzaron a sangrar el aire se volvió denso con un cargamento de murmullos que ahora se sentían como gritos distantes desgarrados sumergidos en pavor en medio de los gritos murmurados la luz dejo de ser luz mi boca se llenó con olores y sabores podridos que revolvieron mi estomago mi cuerpo se sentía liviano mi piel se comenzó a resquebrajar como tierra seca en mi mente el miedo no entraba y el dolor tampoco en el revolotear de una mariposa de alas naranjas tuve miedo miré a la mariposa hipnotizado dio vueltas alrededor mío se posó sobre mi brazo derecho ya no había piel al aire se veían flotar los trozos de mi dermis subían por la luz perdiéndose en ella mi carne se desprendió el temor me invadió podía ver mis huesos el dolor era una plaga que contagiaba mi cuerpo los gritos se volvieron uno muy agudo que hacia sentir la muerte.

domingo 14 de septiembre de 2008

un acto riesgoso

Las luces se apagan. Desde lo alto un payaso aturdido por culpa de unos cuantos grados etílicos presiona el botón, y la luz se hace en un haz que apunta directo a mis manos, que luego se agranda para cubrirme entero.
Desde un costado, el animador cuenta de que se trata el espectáculo, su voz retumba por toda la carpa y siento que algo anda mal, siento que, entre los espectadores, está ella, la dama del dulce toque y la canción de nombres por llevar, siento que está por aquí por mí.
El acto es riesgoso, lo sé, estoy consciente de ello, pero no puedo dar pie atrás a pesar de mi mal presentimiento, estoy convencido de que, esta vez todo saldrá mal, sin que haya vuelta atrás, pero no cedo, y me apresto a entregar la rutina a quienes pagaron por verla.
Camino lentamente hacia el centro del plató y me concentro, respiro lento y profundo, lento, lento, leeentooooo. Una vez en el centro, hago un movimiento con mis manos para engalanar el acto y me quito la camisa, todo debe ser perfecto para intentar ganarle a la dama, que tantas veces hizo oídos sordos ante mi acto, pensé. Pero sigo convencido de que ésta, puede ser la última vez que me pare en este plató, e instintivamente mi cuerpo se despidió de todos con un pequeño ademán que no pude evitar, y hecho esto, es hora de comenzar. Me relajo y hago mi cuerpo parte del mundo, lo anclo a la tierra y mi alma se la ofrezco en silencio al viento y la dejo salir lentamente a través de mi pecho, ella parece un pañuelo de seda rojo que ondula al viento en señal de un adiós y sin previo aviso el aletear de una mariposa a las 18:27 p.m. saca mi mente del acto y la veo a ella, la señora muerte convertida en mariposa, moviéndose en cámara lenta hacia mí, mientras mi cuerpo cae pesadamente al suelo y ella se posa sobre mi mejilla izquierda y me besa para que me vaya con ella en la paz que nunca tuve en mi corta vida.

Escribiendo una carta

Pensando en escribir una carta para dejar en claro los puntos suspensivos que se habían dejado en ciertas conversaciones sin razones, se me acabaron las palabras. Me quede sin saber que hacer, por unos instantes, me congele y mi mente quedo entumecida, lánguida y blanca de letras, luego se me atravesó un pequeño reflejo de algo que apenas entendí y me dije: tengo que llenar mi estanque de letras para proseguir mi camino en la escritura. Incluiré también números, porque, de vez en cuando hacen falta, además, no hay que escatimar en gastos, las letras están para eso. Son como el dinero en una celebración, están ahí para ser usados en el fin último de nuestros anhelos y pensamientos, o para ser pedantes mostrando el poder de los billetes arrugados que sacamos de debajo de la almohada producto de nuestra avaricia.

Comencé cargando las vocales, diciendo: Un millón de cada una estarán bien- lo pensé un segundo y decidí que no serían suficientes.- No, mejor dos millones de cada una excepto la “u” y la “i” porque no se ocupan tanto, sólo un millón dos cientos mil de cada cual. Seguí, y aleatoriamente, cargue las consonantes cada una de forma instintiva según lo que me decía mi ojo derecho que era corregido en su criterio a cada instante por el izquierdo. Al terminar con el abecedario continué con los números, en medio de una gran confusión, como habrán de saber los escritores no son muy amigos de ellos, a menos que seas un historiador y te apasionen las fechas, las horas y los segundos en que cada cosa sucedió, para así poder contarlo y graficarlo en líneas que cruzan todo, una y otra vez, transversal y metódicamente en medio de las ansias de la humanidad tratando de no olvidar lo pasado, sin darse cuenta de que la historia no se escribe con palabras sino con hechos, lo loable en ese sentido es el intento por no querer perder las raíces, aunque ya estén extraviadas y las quieran recuperar como las anclas de un barco pirata, hundido en los fondos de un mar tibio sin viento donde Eolo dejo de soplar para exaltar las hojas de los árboles en tierra firme, y hacer danzar bolsas plásticas para que en el guión de una película alguien diga: “es lo más hermoso que he visto en mi vida”, mientras se larga a llorar. Es conmovedora la escena, pero no es lo que me atañe en este momento.
Los números terminaron de cargarse en mi estanque y estaba todo listo para mi viaje en la carta, la odisea que me ayudaría a despedirme, sin tener que derramar lágrimas delante de nadie, sólo lágrimas para mí mismo frente a un espejo muerto.
Tal vez se me olvide de algo -me dije-. Y comencé a enumerar todo lo necesario para el viaje.
1- El chofer, yo, listo.
2- El estanque lleno de palabras y números, si, listo.
3- El destino de la carta, listo.
4- Un camino en el cual escribir, en mi mano tengo el papel, listo.
5- El ánimo de escribir, no, eso no.

Di un gran bostezo y me mire en el espejo muerto, que estaba en la mesa, tenía unas ojeras muy marcadas y me sentía exhausto, me había demorado mucho en llenar mi estanque por culpa de los números. Sentí que algo pasó en ese punto que no recuerdo bien qué, lo que si sé es que dije: será mejor dormir y descansar un poco para volver a mi empresa cuando esté en condiciones. Entonces se borro algo de mi mente y comencé a pensar en las letras, las vi contra el escritorio y divague un poco viendo como se formaba mi nombre por un largo rato, hasta que me volví a dirigir a mi mismo diciendo: me levantaré, cosa que estoy haciendo, caminaré, cosa que también estoy haciendo, en dirección a mi cama, ya estoy en mi cama, me dejo caer, ya caí, me dispongo a dormir, ya me dormí.
Me desperté de un salto, un perro me mordió, no hay nada, sólo yo y la cama, mejor cierro los ojos un rato más, me volví a despertar con un solo ojo, cerré el ojo despierto cayendo muy rápido y no lento en los confines de los sueños.

Una carta quería escribir hace un instante me comenté, pensando que estaba a mi propia izquierda, de respuesta ligera e inmediata resbala un sí de mi boca o de la otra, ya no sé muy bien, y comencé a calcular las letras que me parecían pocas, aunque estoy en un lago de ellas, pero quiero más, no quiero un lago y tampoco un mar ni siquiera un océano, lo que en verdad quiero es un planeta de agua y letras. Un planeta fluvial con lluvias de letras, tildes, comas, puntos, puntos y comas, exclamaciones, interrogaciones y comillas sobre las cuales navegaré con barcos de papel blanco y otras veces de colores que me ayuden a ver el fondo de tinta que se entremezcla en el centro de ese planeta. Pescaré letras y las estudiaré, intentaré encontrarles su uso correcto y descubrir sus propiedades, atraparé letras y sílabas de otros idiomas y las devoraré, las traduciré y me adueñaré de sus sonidos, las transcribiré y las domesticaré, me bañare en las letras de este planeta, las beberé y herviré para hacer té de letras.
De un momento a otro, en un pestañeo sin ojos, todo se cubrió de letras inundando todo para que cuando se forme, el planeta agua-letras, yo pueda absorberlo, como una esponja al agua, y no quedarme sin letras al formar palabras nuevamente. Todo comenzó a volverse letras y agua rápidamente el nivel comenzó a subir, en unos pocos segundos estaban hasta mis rodillas, me apresure a salir de la casa y cuando llegue a la puerta el agua me llegaba apenas por debajo de la nariz, abrí la puerta y termino de llenarse la casa incluyendo el segundo piso, salí nadando en contra de la corriente generada mientras veía peces “A” y otros “a” y al fondo del patio un cardumen de peces “á” recostados en una esquina. Seguí luchando contra la corriente para salir a la superficie de las letras. En mi camino me encontré con nueve tipo de peces “X de aletas plateadas”, también encontré “ü payasos”, “z espada” e incluso vi “4, 0 y 2 dorados”, ellos con sus aletas me dieron el último impulso para sacar a flote mi cansado cuerpo, apenas saque la cabeza al aire un barco de cartón con velas de papel maché me lanzo un salvavidas pálido hecho de papel couché, ese barco me remolco hasta una isla de cristal dejándome en la orilla para que me valiera como pudiera. El barco se hundió y apareció otro con un tipo que gritaba: “ballena a la vista” y una gran y hermosa “L mayúscula cachalote blanca” emergió desde el agua saltando sobre el frágil barquito de cartón, vi que le lanzaron un arpón y me di la vuelta, me dedique a recorrer la isla y para mi sorpresa, ésta era tan pequeña que en treinta minutos exactos le di la vuelta completa, listo para seguir presenciando la escena de la lucha entre el tipo que seguía gritando, “ballena a la vista”, y la feroz “L Dick”. Tomé como referencia el sol y me fui al otro extremo de la isla y me dediqué a mirar en lontananza, puse mis manos en las aguas de letras y un pequeño “paréntesis con caparazón” se acerco y mordió mi mano, lo aleje con cuidado y me propuse absorber las letras para llenar mi estanque lo más cercano a un infinitamente, comencé lento, pero todo bien, luego la velocidad comenzó a subir, la absorción si hizo una catarsis, una vorágine de aborígenes danzando.
Los pensamientos sin control en mi cabeza se autogeneraban, sin poder detenerlos, se gritaban unos a otros sin poder callarlos, se pisoteaban sin poder ponerles un alto, se miraban sin poder decirse los sentimientos entre si, se escondían sin poder evitar que todos los vieran. Las letras se asentaban violentamente en mi estanque, convulsionadas y furiosas revoloteando y bramando por salir, por tener un lugar y ser libres. Congeladas por el temor de quedar pegadas en una hoja, con una muerte que las llevara a los ojos del mundo o por lo menos de quienes no temen a las sangradas letras asesinadas por un escritor y sepultadas por una imprenta en hojas de todos colores y tamaños. Sentí el miedo de las letras, pero me regocijé, las seguí dejando en mi estanque que ya estaba llegando a su tope y apenas había reunido una pequeña fracción de todo lo que tenía que absorber. Cuando me llene de letras a más no poder intente detenerme y no pude, las letras se empezaron a comprimir y fusionarse saliendo figuras extrañas y alieginizadas de tipografías y escrituras inexistentes, por lo menos, en este planeta, en el mundo de las escrituras, la angustia de las letras se distorsionó, se incrementó asfixiándolas y asfixiándome a mi también, traspasándome cada uno de sus dolores e intente detenerme pero no pude, lo intente una vez más y nada paso, lo intente mil veces y no se detuvo. Sentí miedo y mi corazón comenzó a delirar, mis ojos comenzaron a ver solamente letras porque muchas habían escapado de mi estanque de letras inundando mi cuerpo, cubriendo por dentro mis ojos. Mi piel se lleno de letras que parecían tatuajes móviles, me comenzó a doler la cabeza y comencé a sangrar, sangré por la nariz y letras rojas salían tal como el miedo entraba con cada carácter que absorbía, estuve horas y horas sintiendo miedo y dolor y cuando estaba a punto de anochecer a pesar de que la luna había estado en lo alto de hacia mucho, el estanque estallo dejando caer una lluvia de figuras irreconocibles, extrañas y dolorosas a la vista, que se esfumaban antes de caer al suelo en gases volátiles que inundaban todo, caían sobre mis ojos haciéndome llorar, desgastando mis ansias y sacándome del sueño, real pesadilla de letras y agua y peces letras, inundaciones, islas de cristal y barcos de cartón.
Me desperté exaltado, temblando y cayendo en el sueño sin poder despegarme de él, queriendo escribir, pero sin la ansiedad de tener todas las letras infinitas veces, porque al final uno escribe cuando esta inspirado, o como los griegos, cuando las musas traigan la inspiración, no las presionare más, con este sueño me basta y me sobra. Que raro fue todo, si a ratos creía estar sumergido y viendo a los peces letras de ese planeta, ese mundo variable y distorsionado, incluso me duelen los brazos como si hubiera nadado mil kilómetros y absorbido las letras.
Finalmente me tome una taza de café y me dispuse a escribir, tome un lápiz y un papel y al poner mi brazo en posición para escribir fue cuando vi de reojo mi antebrazo, un relampagueante movimiento dejo en evidencia a una letra negra, mezcla de una “y” con “G” que nada tiene que ver con el punto y una minúscula “ñ” de la cual sólo se veía el sombrero.

Un vaso de agua

con hielo sobre una mesa, pequeñas gotas caían de sus bordes sobre un escritorio formando una pequeña posa alrededor de la base. Un joven llamado X estaba sentado en ese escritorio, tratando de ordenar ideas en un papel, intentando llenarlo de letras, palabras, frases y pensamientos a más no poder, tejiendo con un lápiz de tinta azul un poema escarlata, con una triste dedicatoria que se dejara caer sobre una lapida blanca con un nombre que ya no quiere pronunciar.

martes 18 de marzo de 2008

A ratos creería que mi vida es verdad

que tu vida y tu sonrisa son mi salida
creería que caes a mis ojos sin piedad
nubladamente tropezando en mi huida.

A tientas muevo mis manos de un lugar a otro
tanteando tu contorno en mi oscuridad
viéndote con mis manos apagadas el rostro
luminoso con tanta pasión y claridad.

A ratos te mostraría mi mundo sin temor
pintaría en telas tu mirada perdida en miedos
a medias sin saber donde quedo el clamor
de tus manos al partirme con un acero.

jueves 13 de marzo de 2008

coordenada sur

mirando hacia el este
sentado
espalda pa’l norte

gritando irritado
quedo el oeste
vivo y sombrío
por las faldas de un río
estruendoso
en los llanos
altivo sin bríos
que miro contigo
en un día agresivo

calmo y distante
telones sangrantes
de dicha
ansias galopantes.

martes 26 de febrero de 2008

El cielo se abre a tus pies

mientras a mi, tonto imberbe
me gusta andar por la vida mirando ojos
ventanas de almas cerradas
buscando indagar todo
encontrar los gestos de la gente
pequeños colores cerrados a la realidad.

Que difícil es vivir
sin mirar a las almas de quienes
queremos más,
por la vergüenza
que lentamente embarga
una
y cada una
de las miradas
que podemos dar
se quedan en el vació
fondo calle
tras una estatua de un caballo
galopante como viento
muerto como soldado
jinete sin admiración
calle sangrante de batalla en desastre.

Nadie podría entender nada hoy
también es posible
que mañana tampoco
porque nadie entiende
nadie se acerca
nadie cercano quiere.

Los colores se abren a tus pies
talando el árbol de la razón
del querer,
del entendimiento
del remordimiento
del vivir
del morir
del nacer
del sufrir
del caer sonriente
del saber triste
del no ver aunque este en tus ojos
del andar mirando por la vida ojos
como si nada importara
en tu habitación
en mi habitación
en nuestra cama,
es verdad,
tal vez nada importara
clavado en el estrecho margen
inconciencia absurda
mal traída y cercana
visión de cada día
aunque mucho más de sus noches
a tientas en un muelle
sin señales de lumbres cortadas
llamas entre mis dedos
cal en recuerdos
negros manchados de blanco.

Que frustrante debe ser morir
sin querer
más deber ser
sin que te quiera quien te debe querer,
ya me canse
eso sonó a trabalenguas
para niños aburridos,
esto me resulta más frustrante que morir
más incluso que la vergüenza
que no me deja mirar a los ojos
de la desconfianza que embarga
mi corazón al mirar
en otros mi vergüenza.

Nadie dijo que esto sería fácil
quien habría dicho que sería para mí
una araña enredada en su propia tela
farsante embustera
torpe y no Manuel
cansada
estúpida y sin hiel,
que tonto es todo esto.

Ya nada se habré a tus pies
ahora ventanas a mis ojos
horarios de mañana
llamados confirmados
todo con horizonte
vertical al sur
tal vez primero al norte
no quiero pisar tierras dolidas
pero nadie lo entendería.

sábado 23 de febrero de 2008

sueño de un pescador

Tanto tiempo la pase sin soñar
que asustado estaba al despertar
aturdido en mi cama, sin poder hablar
angustiado, dolorido con cada pestañear.

Pero esa madrugada debía salir a navegar,
nervioso dije: “el viento no va a amainar”
pero que más da a San Pedro he de rogar
para que mi bote proteja de zozobrar.

Así un pensamiento comenzó a caminar,
eso es lo que en mi sueño iba a pasar
rogarle a mi santo para en paz regresar,
más tarde en la tormenta caer a la mar
en medio de la guía sin poder nadar.

Más vale no atreverme por hoy a remar
porque el sueño algo me dice va a pasar,
pero en el reloj más de las seis van a dar
y yo a mis amigos de la desgracia sin poder avisar.

Totalmente desesperado me puse a llorar
y mi madre con un beso me hizo en verdad despertar.

San Sebastián cuelga en la pared

como falso profeta en la cruz
SEPTIEMBRE 2007 OCTUBRE
tiene a sus pies.

Corriendo por ladrillos oscuros
me tropiezo con la puerta
oscura y vieja
en su melancolía furibunda
queriendo que ella esté ahí
verdemente vestida, cara pintada,
tintineos y sonrisas.

Por el otro lado de la pared
sedientas cuelgan dos chaquetas,
un pulóver,
y media polera.
Cuero parecen las primeras
animales mutilados,
Cristo y su madre
aunque este al revés la cruz de luz
ensombrecedora de ánimos
despedazados y sujetos.

Del techo cuelgan dos lágrimas
que iluminan a mal traer
sucias y manchadas
marchitas en traiciones.

¿Pero qué importa todo esto?
sólo hay ganas de llorar
llantos en enjambres
sollozos en colmenas
persiguen a mi corcel
dulce galopes de lamentos en rocíos,
ella sé, no dará su frase a torcer
caerá indiferente
borrara su prisión de mi mapa
mientras estoy yo en mi prisión
que en verdad no es
aunque si lo sea, porque, así yo la siento…